No me abrió nadie, así que volví a tocar al timbre. Y así unas cuantas veces. Pero al final me abrió la puerta, y se me quedó mirando con una cara de sorprendido. Le pregunté si me podía dejar pasar, entonces se apartó de la puerta y pasé. Cerró la puerta al entrar yo, y me ayudó con la maleta.
-¿Qué pasa Lucía?- me preguntó preocupado.
-No sabia donde ir, y me viniste a la mente. ¿Puedo quedarme un tiempo contigo, hasta que consiga algo?- le dije.
-Claro, no hay problema.
-Gracias Diego, muchas gracias.- y le di un abrazo. No podía mas y me salieron las lágrimas. El se dio cuenta porque le había caído una en su cuello. Y entonces me apartó de el, y me las limpió con su mano.
-¿Qué pasó? ¿Por qué estas así?- me preguntó mirándome a los ojos. Pero yo agache la cabeza y no pude contestarle.- Confía en mi.- volvió a decirme.
-Pelee con mi padre. Y me escape.
-Pero ¿y tu hermano? El se preocupará por ti, llama lo.
-No, el ya sabe que estaré bien.- y volvieron a salirme las lágrimas.
-Ven, sienta te, y dime que pasó.- me dirigió hacia el sofá y me senté.
-Me pelee con Ana.
-¿Pero no era tu con tu padre?
-No, bueno también. Pero es una historia larga.
-Ven preciosa, y cuéntamelo todo. ¿Vale?- entonces me volvió a abrazar, y entonces.
-Vale, te cuento. Estaba tranquila mirando la tele y aparicio Ana, no me cae bien y me burlé de ella, pero luego me insultó. Entonces la seguí porque se levantó y la pegué. Vino Sergio me dijo de todo, luego se chivó a mi padre. Yo le dije a mi padre que si ella o yo. Y el pensó que era una broma y la prefirió a ella, antes que a su propia hija. Entonces fui a mi cuarto, cogí algo de ropa, salí por la venta, cogí la moto, y fui por la ciudad, para saber donde irme y pasar unos días, entonces me acordé de ti. Y vine.
-No me lo puedo creer, tu padre cuando se entere... Pero da igual, no sabrá que estas aquí, y la tal Ana, olvida te de ella. Venga ve a darte una ducha, así te preparo algo de comer, que estarás muerta de hambre.
-Ja ja si un poco.
Me levanté fui a la ducha. Luego al terminar me vestí con algo de la ropa que puse en la maleta. Y me fui hacia la cocina. Había preparado algo para comer. Me senté en la silla, me sirvió la comida. Después de terminar me dijo que vaya a dormir que me veía cansada, y si, lo estaba.
-Pero, ¿dónde dormirás tu?- le pregunté.
-En el sofá. ¿Dónde si no?- y sonrió. Esa sonrisa que antes me volvía loca, pero no me enamoraba por nada del mundo. Y era algo que deseaba antes. ¿Y ahora también?
-Eso si que no, duerme conmigo.- ¿PERO QUÉ HACES LUCÍA? ¿Cómo has podido haber dicho eso? Tu ya no crees en el amor, ni tampoco en el, el cambió algo en tu vida. No puedes caer tan bajo. REACCIONA. Decía mi cabeza.
-No, mejor que no.- y volvió a sonreír.
-¿Por qué? ¿Me tienes miedo?- le dije con un tono burlón.
-No, solo que, no quiero volver a hacerte daño.
-Tu nunca me hiciste daño, si lo hubieras echo no estaría ahora aquí. Eres la única persona en la que confió.- dije sin apartar mi mirada de el, pero no comprendia como podía haber dicho yo todo esto. LUCÍA BASTA!!!
-Sigo con decir que no. Pero me alegra eso.
-Como quieras.- y me fui hacia el cuarto, me acosté y me dormí.
Diego:
No me podía dormir y entonces fui hacia el cuarto para ver si ya se había dormido. Al entrar allí estaba ella, dormida. Estaba tan hermosa. Me encantaba mirarla, y me alegraba tanto saber que confía en mi, y cuando me lo dijo aun mas. Era perfecta. Me acerqué a ella y puse mi mano sobre su rostro, su hermoso rostro, le acaricié los mofletes y sus labios. Esos que me vuelven loco siempre que la miro y cuando me habla. Tenia unas ganas inmensas de besarla. Pero no quería despertarla, así que volví hacia el salón y me acosté en el sofá. Ahora si que me había dormido.
Dani:
Me levanté y fui hacia la cocina, quería ver si sabían algo de mi hermana, si había llamado, o si había avisado de donde estaba o como se encontraba. Vi a Luisa y le pregunté pero nada de nada. No había rastro de ella. Tenia miedo de si le hubieran echo daño, por eso cogí el móvil, y la llamé.
-¿Lucía?- pregunté al saber que me cogieron el móvil.
-Si, ¿qué pasa feo?- dijo esa voz de mi hermana que cuando la pille verá.
-¿Cómo que qué pasa? No sabes como están todos aquí, cuando papá se enteró que no estabas en tu cuarto.
-Ellos la prefieren a ella, así que me da igual.
-¿Pero que dices? Venga vuelve, que ya te echo de menos pequeña.- insistí.
-No.
-¿Qué?- me hice como si no la hubiera entendido, y entonces aparicio Sergio, este si que no pinta nada aquí, pensé.
-Eso, que no. Aquí estoy bien, no necesito volver a ver a papá. Solo quiero cumplir los dieciocho para irme lejos y alejarme de todo. Y mas de papá. Entiende me por favor.- dijo como si tuviera razón, pero no la tenia. Ella no podía vivir en otro sitio que no fuera aquí, y lo sabe muy bien, no se como pudo cometer esta locura de escaparse.
-No volveré a decírtelo, vuelve.- y colgué, no quería escuchar otra vez el no, aun que sabia que no iba a venir.
Entonces al verme Sergio o mejor dicho al escuchar mi conversión que eso no es junto, por cierro. Me empezó a hacer preguntas.
-¿Era ella? ¿Dónde estaba? ¿Qué te dijo?
-A ti no te importa. Porque por si lo sabias, se fue por tu culpa y la de tu novia. Así que no vengas haciéndote que te preocupas.
-No sabes de que hablas. Ella se peleó con Ana, y yo no tengo la....- no le deje terminar.
-Anda calla ya.
-Me las vas a pagar.- dijo un tono que no me gustó para nada.
-¿Me estas amenazando? Porque soy mayor que tu y no creo que esto este bien.
-Te estoy avisando. Pero toma lo como quieras. Y eso da igual, si soy mas pequeño o no.
-Niñato.
Y me fui, pasaba de estar con un niño que se cree un poderoso. Vamos ¿qué me pasa? Yo no soy como mi hermana, yo paso de peleas des de hace bastante tiempo. Este no soy yo. Y todo por culpa de mi hermana que se escapa y me deja a mi aquí como si fuera algo. O como si fuera ella.
Lucía:
Al terminar mi conversión con mi hermano, que no me dejó casi hablar. Ya vera. Diego me preguntó que quería pero le tuve que mentir. Porque le cae bien mi hermano y no quiero que el también me diga de que vuelva a casa de nuevo. No lo aré aun que pasen meses. Me da igual. Eso por haberse comportado de tal manera mi increíble padre. Que ya no quería verlo ni en pintura. Esta vez se pasó cuatro pueblos. ¿Pero que digo? Cuatro no, si no cien o mas. Nunca pensé que elegiría a una cualquiera en vez de su hija.
-Lucía, esta noche vamos al cine. No quiero que pases todos los días aquí encerrada. ¿Qué te parece?- me dijo.
-Mm, me parece bien. ¿Y que película vamos a ver?
-No se, tu eligiras, espero que elijas bien, porque luego veras.
-Oh, ¿pero que es esto, una amenaza?- me hice la interesante.
-No, pero si quieres que lo sea, solo avisa me.
-Creo que prefieran la amenaza ante que otra cosa.
-Vale, pues lo dejamos con la amenaza.
Y entonces, nos arreglamos y nos fuimos directos para el cine. Entramos, compramos las entradas, también compramos algo de beber y palomitas. Y se hizo la hora de que empezaba la película, buscamos la sala donde se emitía y entramos, empezamos a buscar sitio, porque estaba casi llena y fuimos arriba del todo y tan contentos que íbamos los dos, nos sentamos y vimos la película. Al terminar salimos y estábamos abrazados. Nos lo pasamos muy bien, hacia tiempo que no me encontraba tan feliz, pero, al salir de la sala. Ahí estaban ellos. ¡ERAN ELLOS! Y me estaban mirando con cara de sorprendidos, y yo, ¿y yo con que cara los miro a ellos? Me preguntaba mil veces.
¿¡Quienes son ellos!? Siempre me dejas con la intriga. Me encanta, un besote.
ResponderEliminarFirmado: Sarus
Es malo dejarte siempre con la intriga? ejjeje m alegro k t guste, otro para tiii!! :)
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